¿Como perdí una gorra en el Zarzal? La llevaba en la mano, bonita gorra condenada. Caminaba de prisa junto al solecito mío, en los caminos que Google maps nunca encontró. Hablamos en inglés medio español, y en eso se cruzó la conversación.

Esas de futuro y otras cosas. De esas que el tiempo ya me aburrió. Porque el presente es nuestro futuro y el mañana sólo Dios sabrá que dejará.

Quiero aprender inglés me dijo. Talvez me busque un novio gringo que me explique…

Wait a minute…Pause, stop, replay and go.

¿Mano que llevabas? eh… ¿Prix donde andás? ¿Quién te manda a soñar?

Hello señorita… Mi saber inglés, sin visa, ni green card, pero quererla a usted. Venir de lejos, por visitarla. No estoy pintado en la montaña, o quien sabe tal vez.

Camino un poco más, me percato del peso. La lluvia de adioses me recuerda al sol un momento. Busco mi gorra, mientras ella sigue hablando y ;”vos que quieres de tu vida”?

Me veo la camisa justo en el pecho, oe corazón te hablan. Te preguntan; ¿Si estás satisfecho?

Sólo tú y yo sabemos, que no son títulos, no es dinero, no hay proyectos. Ah bueno, uno, el más simple de todos… Ser felíz.

Sólo… ¿Quien sabe?

Hay quienes podrán .

Pero la felicidad es cosa de dos, o eso dicen.

Porque no te abres el pecho y me dejas gritar, se apresura a decirle el corazón a la razón.

Allá va de nuevo. Mi buen amigo Rasin Bran. Gancho al hígado, señor manténgase despierto.

Gorra… Eh.. ¿Donde estas? Condenada gorra saliste huyendo y me dejaste a mi en este laberinto de sueños sin ti.

-Voy a buscarla.

-Anda pues, me contesta.

Ella queda ahí, mientras yo salgo como caballo desbocado, buscando la fé que perdí. No encuentro más que las lomas, y me devolví.

Que habrán en las estrellas, en esa inmaculada sonrisa. Que habrá de ser de mi, sin papeles ni visa.

Nunca quise ser gringo, ni quiera mi Diosito. A partir el lomo por mi paisito. Pero me invade mi sonrisa fingida y comento con tristeza su resolución.

Al rato se aparece un cieguito. Se llama Alfredo o eso creo. Le agarramos cada quien un brazo. Lo ayudamos a caminar por la montaña y el nos cuenta su vida y milagros.

Habló de unas gringas y que bailó con ellas hasta le pagaron por bailar. Híjole otro que cayó en la invasión extranjera. Nos reímos con el. La Chelita del norte lo lleva mas ligero que un niño estrenando bicicleta. Suave, suave, exclamó yo, enseguida subimos un puente colgante.

Sólo me pregunto como será para él, quien no ve más que recuerdos, y de un instante pasó del suelo a una tabla en el aire.

Algo tenemos en común.

De repente, le pregunta a la Chelís, si yo soy su hombre.

¡Vaya me terminó de rematar! Vamos a ver con que sale… Vea pues no para de reir , acá yo más nervioso con mal de Parkinson. Saca el bate de aluminio y ahí va el wasmazo.

Somos amigos.

Que paso, que hay conmigo.

¿No se hecha de ver que me gusta? Que mientras me habla, más enamorado estoy. ¿ No hay en mi frente un rótulo de dundo honorario, sin residencia más que sus caites?

Te quiero Chelita, ver tus ojos grandes, tu sencillez y esa pureza de espíritu jovial. Cuando escucho tus sueños voy buscando en que vagón saltar.

Me contagia, sonrío, me hace volver a soñar.

Pero por lo mismo temo. Por lo tímido, porque sólo se hacerte sentir bien pero quiero deletrear en un abrazo lo que siento.

¿Será que me entiende?

Que me hará falta y que no importa lo que piense de mí desajuste migratorio, el cambio climático y demás cosas que no vienen al caso. Me haces sentir como un niño con la ilusión en sus ojos, sacas lo mejor de mí.

Mi propósito futuro por el momento, es sólo verte reír. Por lo demás, veremos que pasa. ¿chocolate quizás?

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