Que pasa por tu cabeza.  Te miro porque no puedo ver nada mas y esa sonrisa a medias que cautiva. Me cuesta hablar.  No lo crees,  pues ahí esta.  Mis manos sudan,  mi corazón palpita.  No estoy vivo, estoy muriendo lentamente.

-Es escritor.  Repite. 

– No, no lo soy aňado.

– Si, es escritor. 

Vuelve la mula al trigo.  Que le hacemos.  Ok,  veamos pues te escribiré algo de retazos.

  Tomaré prestado tus ojos para proyectar ideas, tu voz sera el parlante de un me gusta quizás y esos tonos diferentes de labios, los disfrazare con números,  enigmas y códigos.  Usaré tu pelo ralo de recuerdos, y pintaré en tus cachetes el suave rocío del viento.

Agregare una variante,  para agradecer al cocinero.

Pero no vine hasta aquí a comer.  A quien engaňo no soy espía,  mi única guerra esta en mi mente. Siento sus manos cerca de mi,  vuelvo en si.  Lucho con la gripe, me mantengo sin palabras.

Quiero decirte tantas cosas pero solo boludeces salen de mi boca.

  Que hago Dios mío.  Recurro a los astros,  consulto a Andromeda.  La gran oráculo sale con su caminar extraňo. 

-Dile lo que sientes…

-Fácil decirlo.  

Si lo es,  mas mis palabras salen mudas.  Mi mirada se queda en pausa,  y no puedo decir mas que nada.  Le dedico un escrito,  y me agradece el mensaje.  Queda disiparme en el sueňo,  entre nubes y silencios.  Perderme en el aire y desaparecer de nuevo.


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