Cuando se traza una meta no hay vuelta atrás,  cuando lo haces en equipo. Es “Do or Die”(Hacerlo o morir inventándolo).

Apenas dormimos unas cuantas horas, nos recuperamos de la mitad de la conquista.  Pero sabíamos que íbamos a algo similar o peor. El Volcán Concepción queda en el lado Norte de la Isla Ometepe.  Tiene varios senderos hacia la cima,  entre ellos el del lado del pueblo de la Concepción. Salimos de  Urbaite, en donde fuimos  alojados en el hogar de la abuela Rosa, una familia singular  sacudiendo cualquier duda salimos en busca de nuestro transporte folclórico amarillo sobre la carretera a Moyogalpa.

Algunos fosforescentes turistas subieron por Los Ramos.  Nosotros guiados por un amigo singular trepa cerros y salido de algunos película del exterminador nos dirigimos hacia el otro extremo. Hicimos parada en el puerto de Moyogalpa.  Para abordar otro transporte hacia la Concha,  mientras guardábamos gallopinto en nuestro tanque y café mata sueños en los sesos.

Llegando al lugar nos recibe el ilustre Alvaro,  a quien conocimos en Chinandega en la cima del Volcán el Chonco.  El nos ayudo durante el viaje y estaba atento de cada paseada de nuestra parte.  Nos presento al guarda parques,  quien al igual que nuestra lobezna amiga era Argeñal de pura cepa.

Nos despedimos y alla fuimos los mismos locos de ayer… Todo parecia facil,  demasiado para ser cierto. Un arbol algo extraňo, parecido al que existe en Asgard da la bienvenida a este reino.  Bancas,  cafetales,  platanales,  y sombra (bendita sombra).

Parece chiche… Pero algo se guarda el concheňo este. Lo presentía desde el primer momento.  ¿Pero que?  Me dice Oconnor que ya llegariamos a un mirador. Mientras se tornaba calla la vegetacion,  el viento soplapa tanto que si me descuidaba se me iba el alma.

Muy lindo este mirador,  pero y la cima…  Este volcancito,  va salir arrecho.  El terreno ahora era totalmente distinto.  Rocas ásperas y afiladas se preparaban a jugar la raspadita con uno.  Trepamos entre entre un sendero marcado ligeramente por pisadas de algún individuo anterior.  Llegamos a una rocas famosa, o así nos dijeron.  Su nombre diente de perro,  temí preguntar porque el nombre. De ahí en adelante era mas empinado,  las piedras era rojas,  y algo inestables.  Las personas que iban delante se esfumaron en una neblina densa,  tragados por la nube ascendieron al mismo cielo…  Ahora sin guía mas que la intuición de tazmania,  íbamos al pasito tum tum,  rezando por no ser aventados por una ventisca o tragados por una chiminea volcánica.  Mas en la densa neblina,  apareció una sombra distante en el horizonte similar a un yeti.  Si hay vida hay camino,  y asi fue encontramos el sendero hacia la cima.  El viento era tal que levantarme y conversar con los demás no parecía buena opción.  Mientras los otros se disponían a hacer selfies y sesiones de fotos con la madre naturaleza, yo sacaba mi preparito de chiverias y me proponía a almorzar.  Andas hambreado, alegaba uno, y como  no había de estarlo…

 

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