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Estoy de vuelta en las faldas del Mombacho.  Aquel gigante colosal  qué me daba los buenos días cada mañana  en Nandaime. Tras noches de insomnio con fantasmas del pasado,  tablas que crujían en el silencio de un cuarto oscuro y sopapazos de la ventana batiente de madera.

Acá donde  comenzó la historia de mi madre,  fue donde primeramente lo vi.  Como tortilla verde desplegado como panque  y helado de pistacho,  dormitando con nubes de algodón.  Así conocí al Mombacho.

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Más adelante,  camine sus senderos en los primeros albores de turismo.  Era económico y fácil de encontrar.  Camine muchas veces a la cima,  con la dificultad más física qué económica.  No era fácil,  para a alguien que no se acostumbraba andar en superficies inclinadas,  con un grado de 70 a 80. Donde sólo se podía arrastrarse de cierta manera con  los pulmones hacia afuera .
El recorrido era grato,  los senderos diversos,  el clima,  las fincas,  la gente,  el paisaje.  Acá nuestros  ancestros se comunicaban vía Skype con los dioses.

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Hoy voy a redescubrir  sus caminos,  a reconocer ese aire,  a pretender ingerir el verde bosque qué me acompaña.
Me topo con la suscripción de entrada.  El mercantilismo lo ha configurado a tal punto que el coloso  tiene un menú dolarizado.  Donde caminar doscientos metros en una dirección puede costar ocho dólares. Dividieron el volcán en múltiples partes.  Te venden el puma en 17 foolares ,  brazaletes,  el tigrillo,  etc..  Para darle mantenimiento a mi familia y regar un par de piedras en el camino.

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Al Mombacho le gusta fumar,  tiene varias pipas cometió zando por la letra A,  la C,  hasta llegar a la F de  fumarola donde se encuentra una de  las mejores vistas. No se si será por el humo alucinante o el lago de Nicaragua que te observa desde abajo con recelo.  Aun le duelen las pedradas qué le lanzó el tal bacho un día que no amaneció de humor.  De este suceso nacieron las hijas del señor,  apodadas hasta el día de hoy como isletas .

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Las bromelias son piñas qué viven en los árboles,  platicando con las nubes,  vendiendo batidos de olores a las aves. Los senderos  son  los mismos,  solo que se necesita visa para transitar.  Hay un guarda en los caminos, acepta green card y la tarjeta máster (yes please) .  A la fumarola se le acabo el humo.  La vista es espectacular, se observa el casco urbano de Granada como una mancha blancuzca con tonalidades grises dispersas a lo lejos.  Quien diría que de  ahí una tarde domingo mi padre se alistaba para ir a misa.

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Las isletas,  parecen una horda  de ballenas estancadas esperando  el almuerzo qué lo prepara algún tío  Zánate en la orilla.  Todas en su conjunto dan forma a una mini bahía.  En sus aguas navegan los recuerdos  de  mi mamá en la lancha pirata de mi tío Mario,  esperando zarpar en los cuentos de colorín  colorado.  Esta es la Granada de mi madre,  con la que soñaba.  La capital de su infancia,  el colegio de los años.

Nos devolvemos al sendero cubierto de ramas salidas de alguna película de rambo .  Llegamos a una encrucijada,  doblamos a la izquierda y comenzamos a trepar por la escalera al cielo con peldaños de madera.  Alguien olvido dejar encendido la luz,  no hay thyssenkrupe acá.  Que lástima,  dice el shaqui.  Un guía le explica a algunos fosforescentes qué  de aquí para  allá solo clouds my friend.

wp-1459201691639.jpegDecenios  más tarde descendimos de las nubes.  Del deep forest al nature run.  Llegamos a la finca Mira valle para aceptar al reto tarzan ultra.  Nos preparamos para el  canopy wings of steel free style sesión. Entre acrobacias de vale onda las vida y cosas del señor.  Busco fé entre las cuerdas de metal y la capacidad humana.  De hacer su trabajo al cien y no con descuidos qué me rompan la madre.

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Recuerdo la semana pasada en vitrinas de vidrio azul pálido.  En las que él peligro a lo más era qué se acabará el café.  Hoy se estrena en los cines del país barman vs supriman con aparición especial de Wonderbra .  Mientas nosotros con saltos de euforia y vivencias de vuelos  supervisado.
Al paso de pim Pao pum sale de la nada entre las copas vacías de los árboles,  una especie de  golondrina que viene a toda madre,  es super Daria  pidiendo pista.  Quítate mae,  quítate.  Logró traducir del rusky al buen pinol.
Ya en la tierra, al fin.

wp-1459202289877.jpegCelebramos con la doña Antonia,  entre los vivos y los monos momificados en café.

Partimos para la laguna de apoyo,  al rincón del cacique.  Un traspatio de mesas,  cervezas y agua destilada.   Rememoramos historias,  compartimos momentos.  El princeso sireno,  el shaqui,  ms D,  y mi persona.

Las estrellas se despegan de  la mesa.  Me llama el agua,  me acerco a ella guiado por la estela de sus pasos.  Nado,  si se  le puede llamar nado.  Domino el estilo doggy,  the yellow submarine,  y la tortuga buena onda.   Me subo a una tabla titanic pidiéndole auxilio.  Las palabras me abandonaron en la tierra.   Logro  subir,  y respiro hondo.  Buscando aire,  quizás a Dios,  las nubes y todo lo que suena a libertad.   Me levanto a tirarme un chapuzón,  nado de espalda como levitando en una nube.  Vacío,  sin nada a mi alrededor,  above me only sky.   Me imagino descansando en lo alto.  Con la leve sensación que una sirena me sostiene los pies,  con sus manos  me jala de los tobillos invitándome a la profundidad.  Adonde descansan los muertos.  Me niego a seguir de  cerca la bruja lagunizada.
Ya en la orilla me acerco a brindar con sonrisas.  El WI fi me acompaña,  la señal ya no es la misma.   Zarpamos en el zapatito naranja marrón con alas en los sesos.  Hoy no es un típico jueves.
En la carretera con sonidos de los bee gees limpiando los vidrios, la joya formateando el cerebro. En clandestinidad encontramos un lugar.  Del muro de piedra una cuadra leonesa,  del palo de mango a la derecha,  del arbusto a la izquierda,  del cerco de alambre hacia arriba y de frente una champa con luces de colores  y  un sonido incandescente.

El amigo Floyd y el loco de Morrison nos dan la bienvenida.  Guindan del cielo resortes de neon. Tapizado en papeles. Brindamos, budem… todo estaba bien hasta que borraron el cassete para sonar canciones neo emo.  Las mismas que matan hasta el más temible León de un infarto cerebral agudo.
Estrategia muy bien diseñada para que compráramos rolas de recuerdos con monedas de a cinco.  Ahí es,  nos dimos vuelta.    La rusie  solo se ríe de nosotros.  Andamos en her, no hay como correrse  de la toña.
Cayó  el telón cerramos nuestro bar sesión.  Miss D toma las llaves y prende fuego en la carretera.  Sin más que historias me bajo del intergalactical cruiser.  Me reparten mis respectivas pataletas  y me estrelló con la puerta de mi casa.   Mi sonrisa abre la puerta,  busco la pista de aterrizaje y me pierdo en los sueños de Orion.

Mañana navegamos a León, otras historias nos esperan.  El fin de semana se ha vuelto largo,  ground  hog day ha llegado.  La amistad y la vagancia, los zapatos y su capacidad de caminar por caminos de esperanza.

A como diría el Ninja, “fin de comunicado” .

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yarellano20@gmail.com

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