Algo distintivo de la calle son las miradas, las que salen de madrugada a trabajar. Con esperanza, descontento, desilusión, decepción, ilusión, alegría, tristeza, anhelo. Esas miradas que se estrellan en vacíos cruzados, que dicen mucho y no dicen nada. Esas miradas valientes y necias pese a la costumbre de salir buscando pan para quien queda en casa.

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