pinoleros

Desde que comencé a correr, he conocido un mundo y aparte.  Lo sabía desde niño con el viento en la cara, los ojos chinos y los dientes pelados riéndome a lo enfermo sin razón de ser más que pasar el día feliz.  ¿Qué paso?  No lo sé, se me olvido al crecer.

No entiendo lo que hago, ni porque me levanto a las tres de la mañana de un domingo, en el que he dormido apenas dos horas y media. Será que busco algo en la carretera pasando cerca de las estrellas del amanecer que deambulan a mi lado sosteniendo sus parpados de alcohol con el aliento de su alma.

En mi vida había visto tantas sonrisas reunidas en una gasolinera repartiendo chiles, abrazos y nombres extraños.   Similar a los viajes familiares a la playa en lo que fuera (camioneta, furgón o carreta). Enlazados con la idea del descanso y compartir en familia. Porque compartir en familia es lo mejor.  Hasta que la familia creció y la tradición se apagó.

Mas estos seres de diferentes regiones  de nuestro colorido Carazo y parches de Managua. Ladran, saludan, motivan y se ayudan cada quien a ser mejor no sólo en cada paso sino en la vida.  La misma que tantas partidas ha ganado llevándonos al borde de la derrota sin posibilidades para el descuento.

La humildad, una característica poco común en las personas de la actualidad, la compartió conmigo un grupo de pinoleros con un único común denominador.  “La amistad y devoción por trotar en los caminos que la vida nos ocultó por tantos años”.

Las lomas de San Marcos, la huertita de la conquista con sus cinco cascadas y saltos (guardando el dragón dormido de Shiryu), la laguna de apoyo y sus recovecos, Somoto y su cañon de agua,  las calles desoladas de Managua al amanecer, la gruta de cantera y el bautizo de fé.

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Dondequiera que vayamos vamos encontrar muros de Pink Floyd, de China, de Berlin. Separatistas  que apantallan con sus proezas y esperan alabanzas. Lanzando clavos al suelo para aislar el éxito de un soldado sencillo con la voluntad de un perro, un ninja o un partner borrachín.

Al borde de la meta, con una mano en el aire y, el corazón apretando el pecho, no se escucha más que silenció. Sin embargo, algo desconocido a nosotros se oye a lo lejos repetitivamente, levantando cada pie del suelo,  impulsándonos más que un individuo, una familia o una trivial amistad; constituyéndonos como  un “Equipo”.

Equipo…

¿De fútbol es lo único que entiendo?  Habría que entender a las hormigas para saber que las mueve a trabajar tanto,  o quizás la avaricia de reinos feudales.

Mas con sus consignas y códigos de tramos de tierra, cal o fango.  Nos levantan del suelo, aunque con el aire que llevamos basta para mover un dedo.   Bien le di play y replay al VHS cuando vi por primera vez, esta frase en la película de Danny Devito Rennaisance manfor whoever sheds his blood with me today shall be my brother”.*

¿Hermandad? ¿Amistad? ¿Zoológico? O Equipo…  Allá vamos rondando y rodando como un montón de piedras en la arena, moviéndose sin pies ni brazos, pero brillantes con la sal que les arrojo el mar.

Ya dicho sea de paso qué esperan para sacar sus tenis o zapatos brinca brinca de cualquier parte, abran la puerta, saluda la calle y siente.

Saludos al perro, al ninja, al sensei, al master, al partner, a los carcólicos y hasta los lazy bastards.

*Quien sea que vierta su sangre conmigo hoy será mi hermano.

Band of brothers  (ver link).

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