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Creo que fue el viento,  quien una noche  caliente  y con relativa calma, nos llevó por los caminos estrechos del alma o por la espalda de un dragón verde con pitahayas  por lunares.

  Nos perdímos en San marcos,  preguntando contra la vía de la vida. ¿Dónde se esconde la risa?  

Mas adelante en la catedral de los sueños redondos reencontramos la ruta,  con manchas de blanco y negro. Entre las mustias semblanzas de un diriangen  dormido.

Llegamos tarde, la música nos señaló el camino.  Con pena y medio idos se nos acomodo la grada para  escuchar los nombres. 
¿Si alguno de ellos quedó?  ¿Quien sabe?  Sólo se que vi un ángel. 

Sonaron los bongos y tambores,  salieron de la nada cuatro Señores.   Giraban como locos en torno a una hoguera clamadole a Dios por fuego  y candela.  

Comenzó  la magia.

Reí.

Esa noche  vi a Goku  en persona.  Manipulaba  el fuego como el dragón naciente.  Se multiplicó  en dos,  en cuatro,  en seis.  La llama le rozó las trenzas y le incendió  los pies.  Vi salir del aire  el harakidi,  el haduke  y me pregunté  que se siente cuando cae al revés la antorcha  y se desnuque.

Conocí a Jagger,  tire frases a la luna.  Mezclé mi trago con vino,  ron y sabrosura. Baile como extraño,  me sonrió  Cantinflas.

Me perdí y me perdieron.  Mi sonrisa me dio risa.

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