Te regalo mi ruido de silencios enfermos. Se  dice a sí mismo él ángel pobre con la ansiedad  de un tartamudo.

Dobla los pliegos de sus alas de papel reciclado.   Constituido de recortes de periódico sensacionalista.

Se detiene a leer  los nombres de productos anunciantes en el hombro derecho.  Sonríe,  pero  como no habría de hacerlo? Si desde pequeño  se niega a la tristeza que dibujo una sonrisa cosida con los retazos de su túnica  blanca tatuada de recuerdos y sucia de nostalgia.

No es fácil golpearte el corazón y sentirlo vacío.

Toc toc….

Nadie responde.

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El olvido del cielo no será suficiente…
Las lágrimas  lavan su rostro  y dan de beber la única  evidencia de estar vivo.

El nunca lo quiso,  habla consigo mismo.  Se pregunta… ¿por qué?

Todos somos  pasados sin pasados, futuros sin control,  presentes obsoletos,  destierro del amor.

No quiero  estar triste,  no se lo que es ser feliz.  Anestesiado de recuerdos que no quiere recordar. Invaden su mente de nubes  grises.

Estira su mano para alcanzar una tablet que le dejo el último  humano que conoció.   La sostiene encima de su cabeza queriendo escanear el cielo  con las manos.  Anhelando encontrar una ruta para regresar.   Sin embargo se le olvida que solo la fe puede motivarlo a vivir.  Claro con ironía, porque para ir al cielo hay que morir.

Sin consuelo,  sin remedio,  repite los pliegues con los dedos.   Deja a un lado sus  miedos,  da unos cuantos pasos  hacia atrás,  extiende los brazos al sol, agarra impulso y se lanza al vacío.

Solamente un detalle…  Se le olvido volar.

Su mente en blanco.

Desde el suelo se observa como papalote incendiario planeando en no caer. Rechinan sus dientes, la pupila se dilata al punto de convertirse en pixel.

Recuerda como torpemente cayó del algodón mojado de una nube. Se reclino por curiosidad para ver los ángeles del suelo de cabelleras largas y sonrisas de luna llena. De esas que inspiran batallas, y causan que el sol se oculte detrás de los cerros para no marchitar su piel que brilla sobre la tierra. Mas de algún poeta le dijo… Que esos ojos chinos y sonrisa de chicles, lo dejarían viendo un verde atardecer.

Surca en lo alto, con todo el mundo por debajo rodeandolo. El viento Tiene una sensación de libertad, de aire extraño, con su empuje lento le sacude algunos clasificados medio tendidos dispersos en sus plumas de papel.
Preso en el hoy sostiene con fuerza las alas publicitarias. Todo le ofrece resistencia, se desploma la sección de sucesos y queda con un ala rota.

Porque aun no es libre, porque tiene marcada la columna- escalera al cielo. Desconectado del tiempo que lo llevó a su casa.

El platillo de la noche anterior aun repica en su cabeza, la frase cobra sentido cuando estas en la altura buceando el firmamento. Vuelve a ver sus brazos lánguidos forcejear con el cielo. Recuerda el beatle en su mente gritando a pulmón partido…. Don’t let me down!..

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