Que distinta se veía con un lápiz en la mano y la Mirada constante. El papel en la mesa y lo mejor aún,  concentrada.  Verla trabajando Inspirada y con prisa,  como una brisa pasajera, como una ráfaga de viento. Pretende azotar el lienzo con su látigo de fuego,  con el pensamiento,  la imaginacion,  como el que quien fusila a un muerto.

Ayer joven pretenciosa,  hoy  determinada arquitecta. No se amilana ante nada ni se deja vencer,  mas bien parece una bruja alada ideando un brebaje para su sed.  Si le buscas la mirada,  no pierda tiempo.  Cuando ella trabaja el mundo no existe sino en los recuerdos de su memoria ligera.

Aquella mirada convincente organiza los residuos de grafito,  en la lamina. Funde la idea con destellos luminosos.

No pide ayuda a los maestros,  la pequeña artista deja caer pinceladas humanísticas y aplica conceptualizaciones metafísicas.

Su proyecto,  casi completo comienza a latir y bombear sangre,  gime y llora al nacer.
Comienza a vivir…

Es la arquitectura un proceso científico asombroso.  Donde sólo los arquitectos y no los robots mecanizados en conocimientos  básicos,  buscan el modo de humanizar su arquitectura  o transcribir en ella su pensamiento.  Como lo hace el escritor en el papel.  Tallamos la flor ideal,  dar vida a lo que imaginamos,  no producimos hielo,  no refrigeramos el sentimiento.

Conocer para crear,  humanizar,  sentir y gozar, cuando  florece nuestra obra propia.

Ayer bruja prejuiciosa,  ahora ella juega con los elementos y consigue una mezcla grandiosa,  una idea discreta,  un equilibrio  armonioso ente arte y ciencia.  Concretando así su obra cuasi perfecta…

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