Tengo un amigo que cuenta que un billete de cien es como una alma muerta. Lo rompe y una lágrima se escapa de su retina, el viento le golpea la cara y ya no sabe si habrá comida.

Tengo un amigo que deja escapar su alma para que visite a su espíritu. El vivo le sirve el trago, el muerto se cae al piso.

Tengo esta amiga que sale de bruja y en domingo. Sonríe de enferma, sonríe. No sabe si la locura es un invento del ayer para curar la cordura de un presente muerto.

Y tengo la noche con el sol en la insegura esquina de un callejón sin nombre. Argumentan caos, se calienta el sol. La luna le arroja su soberbio frío. No comprenden que sin ellos dos, el balance de vida fuera un delirio total.

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